domingo, 10 de febrero de 2008

La nave de Ruvalcaba

Y claro, difícilmente uno inventa, diseña cosas que no alguien ya haya pensado, cuando menos en algún formato similar, no idéntico al tuyo…
      En la literatura, con esta permanente referencialidad a lo ya escrito, con la clásica intertextualidad la cosa se vuelve menos sorprendente. El título de este blog, por ejemplo, es un diálogo, una paráfrasis, una referencia a la nave de los locos en referencia con la escritura…
      Y ayer, buscando en el caos de mis libreros un texto para propósitos académicos (uno que se niega a aparecer) encontré Primero la A de Eusebio Ruvalcaba, un texto de reflexión sobre el oficio de escribir, publicado por Sansores y Aljure Editores y ahí, en el capítulo dedicado a los novelistas, descubrí una no esperada coincidencia conceptual que me hizo planear este post:
      Los novelistas se comparan con los sinfonistas. Ambos emprenden la aventura de la creación subidos en una nave que ignoran si regresará o no, que desconocen si encontrará o no su destino, la misión para la cual esa nave fue creada. La travesía de la novela –o la travesía de la sinfonía–, es decir su elaboración, es tan vasta, que seguramente habrá de toparse con tormentas terribles, que casi hagan zozobrar el barco; con días bajo un sol inclemente, que tal vez haga desistir al más porfiado capitán; con hambres, traiciones, actos de maledicencia y abandono. El trayecto resultará tan desventurado que muchos decidirán dar marcha atrás apenas pierdan de vista la brújula. Pero otros, los menos, habrán de arrostrar las dificultades hasta las últimas consecuencias. En eso se parecen la sinfonía y la novela. En que ponen a prueba la fe. Y en su estructura. Lo que en la primera es el timbre de la pasta orquestal, el despliegue organizado de los sonidos, en la novela es el film del lenguaje, que eso y no otra cosa es lo que habrá de quedar de esa novela, lo más valioso, lo que la vuelva única en su género, insustituible, impensada. Film en el sentido más profundo del término: una larga secuencia donde la condición humana –en su totalidad–, desfile delante del espectador; revestida esa condición, de un lenguaje de roca. Más que de historia. (105)
      Sobra señalar las coincidencias en las conceptualizaciones, pero cabe destacar esta comparación, este especial enfoque sobre el lenguaje y la equivalencia de travesías… La nave, la máquina de los locos de Ruvalcaba se centra en todo el volumen de este libro en las particularidades de cada escritura, pero esta Máquina de los locos, este blog, como siempre, se centra más en la novelística, en lo que este bloguero considera su campo por excelencia, y es en este sentido que parece necesario compartir un poco más del pensamiento de este escritor. Párrafos antes de lo citado, Ruvalcaba define de manera incomparable las particularidades de este oficio:
      Noche tras noche, [los novelistas] han dejado a su mujer esperando infructuosamente en la cama. Han plantado a los amigos. A otros escritores. Porque lo que los novelistas tienen que resolver les compete sólo a ellos. Más que nunca su trabajo es solitario. Más que nunca están solos ante el mundo. Los novelistas saben esto y saben más cosas. En el fondo de su corazón saben que quizás han construido la peor novela de la historia; pero les da lo mismo. Porque han construido. Y de eso se trata. De levantar una ciudad. De socavar en los pantanos y erigir calles, jardines, edificios, gente yendo y viniendo, encuentros o desencuentros de unos cuantos seres humanos. Pero construir, construir, construir. (104)
      Eusebio Ruvalcaba, novelista, poeta, cuentista, conoce a fondo su oficio y nos comparte en todo su libro su propia bitácora de viaje. Una que, en experiencia de este bloguero, siempre resulta de ayuda incomparable en esos momentos de duda, de zozobra. Convivir con una novela no es algo sencillo. Convivir con la escritura, en sí, en cualquier tipo de género es tanto un privilegio como una condena… Y aunque este post sólo pretendía compartir este hallazgo, la recomendación se hace necesaria: Primero la A es un libro que vale la pena intentar, si tus esfuerzos andan encaminados por los caminos del ser escritor. El libro es de 1997 y yo lo conseguí en una librería de viejo (pero nuevecito y hasta retractilado) de la calle Donceles, en el DF. Para mayor referencia visual, les dejo aquí la portada:

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