sábado 24 de octubre de 2009

Brazil y las máquinas híbridas

Aún no vuelvo a lo mío. A mis fotos más simples. Sigo conectado con el mass media, por terrible o común que suene.
    Es decir, si hablamos de computadoras que usan a manera de teclado clásicas máquinas mecánicas de escribir, Brazil de Terry Gilliam es la referencia obligada. Futuro retro, pasado visionario, sea la manera en que guste ser vista, Brazil es una de esas películas indispensables para revisarse en estos tiempos en que la burocracia crece y crece en pro de una justificación mayor. Aquí el trailer:



    Y sí, en efecto, hablo de una película de 1985. Una que quizá muchos lectores de la blogósfera no conozcan. Vale la pena verse. En serio. Pero esto no es sobre Brazil, sino sobre la máquina que ahí aparece, una que ya pudieron ver en paneos, pero que aquí puede apreciarse, al menos parcialmente, de manera estática:

    Una que sintetiza gran parte de los sueños desquiciados de este bloggero. La pregunta, entonces surge inatajable: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Soñé antes la máquina híbrida o la heredé de Brazil?
    Según yo, ninguna de las opciones anteriores. Recordé la máquina de Sam Lowry (el protagonista de la tan mentada película) cuando ya usaba mi PC y me hacía falta ese sonido de metralla, ese escándalo mecánico que me hablaba, mientras escribía, de ritmo, de efectividad, de velocidades. La soñé como un sueño guajiro. Hoy descubro que hay otros locos. Primero, el que originalmente encontré. Y sobre todo la foto:

    Una que estuvo inspirada en la misma película y que fue construída, según nos dice el autor de Ahleman (desde ahí fue arrastrada la imagen) para un videojuego y que además es (o era, vaya usted a saber) del todo funcional. Construida con una Macintosh Classic de 1988 y una máquina de escribir. ¿Justificante para las propias locuras? Yo diría más bien, encuentro con otros fetichistas que no optan por ninguno de los dos mundos posibles, que quieren fusionar los dos.
    Si hoy tuviera esa Mac Classic, no la destriparía. Hoy tengo un par de Laptops Mac del año del caldo y ando planeando consecuentar mi locura y construirme mi propio híbrido.
    En la búsqueda de lo anterior, di con otras páginas interesantes. Pero no se trata de agotar todo en un post, so...
    C ya soon, u people behind the screen

miércoles 14 de octubre de 2009

Una máquina de sueños

No hay fetiche simple. No hay fetiche que acabe de una vez por todas o que se conforme en un estrato. Los upgrades siempre son necesarios.

    Aplicación práctica: la máquina que da vida gráfica a esta página es parte de un sueño no cumplido. Uno que no se acaba ni empieza por el concepto gráfico de este template por mí realizado. En otras palabras, no tengo una máquina parecida. La he perseguido en tianguis de pulgas y la única vez que la encontré, no tenía efectivo.
    Lo anterior constituye el sueño simple. Uno que no sé de dónde surgió. Quizá de la original máquina de Juan Hernández Luna (esa en la que transcribiera lo escrito en la Atari 5200), quizá de mirar y mirar los domingos en Los Sapos (plazuela típica de Puebla), los oxidados ejemplares que llevan a vender casi siempre a precio de oro.

    El sueño complejo viene desde los libros, en particular desde un autor que encanta a Zárate pero a mí sólo ha logrado convencerme en tres ocasiones (tras insistencias de Zárate mismo), con tres obras distintas: La Torre Oscura, La mitad siniestra y, el lugar donde aparece el núcleo de este post: Los Tommyknockers. Por supuesto, estoy hablando de Stephen King. En la última obra mencionada hay tres factores fundamentales que me atrajeron: 1) La temática de CF. 2) El poeta borracho que se siente un fraude (algo similar me pasaba en la época en que se publicó y la leí). Y 3) La máquina soñada.
    Los fans del señor King bien podrían saltarse el resto o irse al final del post y leer mis conclusiones. Los que abominan a ese maestro del bestseller terrorífico, sólo denle una oportunidad a esto.
    No voy a contar la historia de la novela de marras, por supuesto, sino ese núcleo fetichista. Como siempre en la narrativa de King, un misterio campea y ha empezado a modificar comportamientos. El poeta borracho (Gardener), una buena mañana, se descubre alejado de ese circuito de lectura al que lo invitaran, al borde del muelle, vomitado y sabiendo que ha echado a perder su oportunidad. No sabe hacer mucho al respecto, excepto huir, refugiarse y qué mejor lugar que las faldas de su amiga Bobbi Anderson. Acude a visitarla y descubre que todo, en esa apartada granja, está patas arriba. Descubre más, una nueva novela salida de las manos de su amiga y surgida de la nada, en el sentido de quien sabe, conoce las torturas que representan la escritura de una novela. Y van las citas que ilustrarán mi soñada máquina:
    Gard había echado un vistazo a la vieja máquina cuando se sentó, pero nada más; el manuscrito había centrado de inmediato toda su atención. Había visto mil veces esa "Underwood" negra, pero el manuscrito era nuevo.
    --Si hubieras mirado bien, habrías visto el rollo de papel de ordenador que hay en la pared, tras ella, y otro de esos artefactos atrás: huevera, batería de larga duración y todo eso (...) No sé cómo funciona. Es que no sé cómo funciona ninguno de ellos... incluyendo el que proporciona toda la energía a la casa. --Sonrió [Bobbi] ante la expresión de Gardener.
    Poco más tarde agrega:
    El corazón le latía con fuerza
    --Ya está --anunció--. ¿Quieres que... eh... encienda…
    No se veía ningún interruptor. De cualquier modo, no le habría gustado tener que tocarlo.
    --No hace falta -respondió ella.
    Se oyó un chasquido, seguido por un zumbido, como el de los transformadores de los trenes eléctricos de juguete.
    De la máquina de Anderson empezó a brotar una luz. Involuntariamente, Gardener dio un paso atrás, y sintió que vacilaba sobre las piernas, que parecían postes. El rayo surgía de entre las teclas, en misteriosas pinceladas divergentes. En los costados de la "Underwood" había paneles de vidrio, que relucían como las paredes de un acuario.
    De pronto, las teclas de la máquina comenzaron a ascender solas, como las de un piano mecánico. El rodillo se movía con celeridad. Las letras se esparcieron por la página.
Ahí no acaba todo:

    El carro volvió, y las teclas martillearon entre los ojos dilatados y fijos de Gardener:
    Has acertado a la primera vez. Lo estoy haciendo desde la cocina. El artefacto instalado detrás de la máquina es sensible al pensamiento, así como la célula fotoeléctrica lo es a la luz. Esto parece recoger mis pensamientos con toda claridad a una distancia de siete u ocho kilómetros. Si estoy más lejos, las ideas comienzan a volverse confusas. Más allá de quince, no funciona.
    ¡Ding! ¡Bang! La gran palanca plateada de la izquierda funcionó dos veces por cuenta propia, izando el papel... que ahora tenía tres mensajes perfectamente mecanografiados.
    Algunas líneas más abajo reanudó la escritura.
    Ya ves que no he necesitado sentarme ante la máquina para trabajar en mi novela. ¡Mira mamá, sin manos! Esta pobre "Underwood" corrió como una loca durante esos dos o tres días, Gard. Y mientras tanto, yo estaba en el bosque trabajando allí o en el sótano. Pero como te digo, casi siempre funcionaba mientras yo dormía.

    En otras palabras, ¿resta algo que decir? Imagínenlo nada más. Esa posibilidad de construir un accesorio adicional a tu simple máquina mecánica para que capte tu incosciente y escriba desde él novelas perfecta y completamente mecanografiadas en un plazo cercano a los tres días... ¿No es un gran sueño en sí? Si antes me quejaba de las horas de sueño que interrumpían mi escritura, ahora que sigo una rutina más tradicional de trabajo, este mero ente ficticio se vuelve mundo, universo deseable. Imposible, sí, pero, al estilo de los románticos, quizá por ello más degustable.
    No se me mal entienda. No es que me moleste escribir. Al contrario, lo disfruto a rabiar. Lo que me molesta es el resto de las actividades mundanas que impiden mi escritura. Si pudiera tener una máquina como la de Bobbi Anderson... ¡Dios!, creo que lo más terrible sería ver cómo las novelas se acumularan en el cajón, sin encontrar editor.

lunes 28 de septiembre de 2009

Máquinas + fetiches = robots


Ayer, mientras navegaba y revisaba máquinas, di con este post en Internet Vibes: Typewriters Morph Into Creepy Sci-Fi Creatures (y desde ahí estoy arrastrando la imagen), uno que reseña la creatividad de un escultor para construir modelos robóticos a partir de máquinas de escribir.
La sorpresa fue mayúscula y de inmediato me dispuse a visitar el sitio de Jeremy Mayer; todo un recorrido por su galería, programada en flash y con la opción incluso de vincularse a él a través de Facebook. Más allá, para los verdaderos fans, tiene instaladas cámaras en su estudio para que puedas observarlo mientras trabaja.
Mayer no sólo sorprende con su especial poética de deconstrucción-construcción, con esa capacidad para armar desde figuras humanoides hasta insectos (una langosta) y mascotas en poses más que conocidas.
La página está en inglés, pero en serio vale la pena visitarse. El escultor declara su amor por la CF pero asegura que no asocia su estética al "steampunk"
Con esto queda comprobado (otra vez): las máquinas de escribir producen un efecto fetichista, una suerte de especial poética que una vez contraída, es dificil de apartar.

domingo 27 de septiembre de 2009

Atari 5200 como procesador de palabras











Quizá para algunos el mero nombre de esta consola no genere ningún eco. Uno tiende a pensar que los equipo electrónicos aparecieron de una vez por todas. No fue así. Ésta era una consola para juego que además podías adaptar a otras actividades. Escribir era una de sus múltiples variantes y no sé qué tan popular fuera. Lo cierto es que las pantallas previas fueron capturadas tras usar un emulador, lo cual no habla de total apatía.

Atari Writer venía así, en cassette tipo video juego.
Este es un ejemplo de la promoción sobre ese sistema y Zárate lo llevó al límite y sólo lo guardó cuando consiguió una PC.
Hace unos meses, ese mismo Zárate estaba buscando las posibilidades de transformar el PSP de su hijo en una especie de laptop. Hasta donde sé, no ha triunfado.

Vuelta a la máquina

Los días, los meses no pasan en blanco. La bitácora fundamental, en ese sentido, ha sido lobosector... pero un intento externo de conjuntar esfuerzos se dio en el 2007 y nació la página web/blog de el motor literario.
Hospedados en un dominio personalizado, tratábamos de extender nuestras visiones de conjunto...
Pero pasó la vida, los desajustes del tránsito cotidiano, las crecientes responsabilidades en cada uno de los miembros hasta que, a principios de este año, todo culminó con el cierre de ese portal, pero no con la amistad.
Tras aquello, los archivos de ese blog (que en realidad fueron escasos, sobre todo porque odiaba la interfaz y el comportamiento de wordpress) permanecieron en el archivero virtual... pero algo, algo me pedía que los resucitara. Supongo que, entre otras cosas, el nombre mismo de este blog: desde el principio fue La Máquina de Los Locos y hoy vuelve a habitar un lugar en el ciberespacio, uno que pretende seguir su original meta a nivel individual.
Ayer, toda esa inquietud por los archivos escritos (entre los que destacaban en mi memoria el dedicado a Dick y mi traducción a Burroughs, alcanzaron su punto de masa crítica y me acosté pensando en cómo sería este template. Todo este día lo dediqué a ello. A rediseñarlo y a postear lo viejo.
Sean pues bienvenidos a esta continuación de otro proyecto.

sábado 19 de julio de 2008

De máquinas y locuras 3

 Y si pensaban que las máquinas habían terminado, estaban equivocados.
No es que me contradiga. Es algo más simple. Como ya lo adelantaba o preveía William Gibson, uno se vuelve adicto a la tecnología. Lo que en términos de escritura no resulta de tan fácil consumo. En otras palabras: cuando empecé a usar PC’s, mi ideal eran las Mac, por el ambiente gráfico, el manejo de fuentes de distinto tipo que podían darle otro aspecto a tus escritos.
La primera calle de la soledad la inicié en una Mac Classic. Y me quedé enamorado de la fuente New York.
Nada similar podía obtener en aquellos momentos en las PC. La mayor actualización que logré hacer en ese sentido, fue cambiar de Word Perfect a Word 5.0 para DOS. Y sólo podías, en ambos procesadores, acceder a Courier o Courier New. Y otra fuente más, cuyo nombre se me escapa. Las variantes, las variables posibles al aspecto de tu interfaz eran mínimas. Pero la marcha de las computadoras aún era lenta y más mi economía. Fue hasta 1996 que accedí a Windows y con ello a otras prestaciones gráficas. Unas que me hicieron desear más y más tener una lap top. Deseo que tardaría años en cumplirse.
Mientras tanto, en las reuniones, en aquel tiempo muy periódicas, con el grupo de escritores de Ciencia Ficción, me encontré, una buena tarde con un libro de cuentos de Blanca Martínez. Un original cuya tipografía y tipo de impresión me era imposible reconocer. Le pregunté qué programa usaba. Su respuesta me dejó frío: escribía a máquina. En una de tipo electrónico que le permitía guardar sus documentos.
Blanca me prestó su libro. Hundirme en sus ficciones fue un placer especial. Blanca escribe con una candidez, una simpleza, una pasión que arroban. Prosa que logra adentrarse de manera rápida en ti.
Y a mí, justamente en aquel momento (Circa 1996), me pasaba lo contrario. Mis construcciones me sonaban en exceso artificiales, muy reelaboradas. De manera que, fetichista como soy, empecé a buscar una máquina similar a la de Blanca. Sergio Lira, siempre al pendiente de sus alumnos, siempre escribiendo ensayos, me platicó, pocos días más tarde de una máquina Canon. Le pedí los pormenores y acudí a comprarla.
Una máquina portátil (aunque bromosa y pesada) que, efectivamente, era capaz de guardar tus escritos en un disco de 3.5. Una que empleé para escribir cuentos, una novela inconclusa a cuatro manos… Una que poseía varios tipos de fuentes. Me enamoré de ella. Es esta:

 

Un amor poco fructífero en términos creativos. Un fetiche más que pude arrastrar a dos congresos de CF y que me permitiera redactar trabajos académicos. Nada más. Pero a veces sólo hace falta tener el fetiche para superar los aparentes problemas. Y volví a la PC. A mis viejos programas de DOS, con renovadas energías.
Al poco tiempo pude transladar la 386 escalada a Pentium S de Jojutla a Puebla. Y la historia creció… Con ella vinieron otras novelas, otros fetiches.
Pero eso será asunto de otro post.
PD.- Y sí, otra vez, fue una foto de celular… Sorry.

Disculpe las molestias

…que otros ocasionan. Es decir, las fallas de formato, trasposiciones de fechas, desapariciones de comentarios, imágenes rotas que una obligada actualización de Word Press trajo como consecuencia más que visible a este blog.
La locura no sólo llega del interior, al menos en la red. Ni tampoco del exterior. Llega de estas actualizaciones fragmentarias, incompletas, express y poco actualizadas de esta marea digital que nos termina arrastrando.
Terminado el exabrupto, sólo queda decir: se arregló lo posible. Espero que en futuras actualizaciones este blog salga menos dañado.

P.D.- Agregado para el nuevo  hospedaje (2009): si conservo este post, sólo es para dejar constancia de lo mucho que me hartó aquel servicio. Por si a alguien le interesa.